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Blow up, Michelangelo Antonioni  1966

 

 

      Al descomponer algo en partes más pequeñas podemos observar cosas nuevas. Gracias a  los detalles se puede encontrar  que la historia no era como se pensaba. En el caso de la película, cuando el fotógrafo se da cuenta que ampliando partes de la foto accedía a tejer la historia de un posible asesinato, uno como espectador se plantea la idea sobre la cual gira todo el relato: 

 La realidad es un acuerdo, un conjunto de situaciones que se toman por ciertas pero que a veces no lo son del todo, tal como lo decía Gabriel García Márquez  “… pero siempre había otra verdad detrás de la verdad” (El otoño del patriarca, 1975).

 

            Vivimos en una constante búsqueda, sin saber exactamente lo que buscamos y lo que ahora percibimos como real no necesariamente lo es. Si empezamos a desarmar lo que a nuestros ojos está dentro de algún límite formal, vamos a observar que está compuesto por otros tantos  fragmentos  que tienen un orden. Esas partículas a su vez se dividen en otras más pequeñas y mientras eso pasa, muchas historias ocurren. Muchas posibilidades se abren, como un fractal infinito. Mucho de lo que vemos es ilusión.

 

            La película incorpora elementos que hasta cierto punto muestran  lo que el cuento de Julio Cortázar (Las babas del diablo, 1959) no dice o sólo deja entrever,  como el hecho de que las escenas se muestren desde ángulos casi siempre armónicos, como si fueran tomas de un fotógrafo experto que siempre está a la búsqueda de la mejor escena.   Todo está inmerso en un ambiente de arte, fotografía y modelaje,  e incluso los actores, hombres o mujeres que transitan como extras por la cinta,  cumplen con los estándares apropiados.

            Siempre en las tomas, se enfoca desde atrás de algún objeto y  algo parecido es lo que hace Cortázar en su relato. Intercala elementos externos a la narración mientras llega al punto clave del joven, la mujer y el hombre del auto. Pone una serie de barreras traslúcidas para hilar la trama, guiar al lector y hacer un recorrido, como si de Arquitectura se tratara. Lo va conduciendo por una serie de puntos que se conectan, no como una sucesión de espacios articulados si no como una sustancia, tal como mencionaba Le Corbusier en la Promenade Architecturale.

            Me parece interesante el hecho de que  el fotógrafo no se hubiera dado cuenta del asesinato, si no hubiera ampliado  la toma, y existiera la posibilidad de que ese hecho quedara escondido para siempre en la fotografía.   Pero aún cuando el asesinato sí se ve, el fotógrafo no puede hacer nada, tal vez confirmando de alguna manera, que la función del fotógrafo es captar una imagen solamente, y no necesariamente juzgarla.

           

Carolina Ayala

 

 

En la actualidad mucho de lo que nosotros vemos  esta intervenido de alguna manera y no se puede saber con exactitud qué es real o qué es artificial. La relación con la artificialidad fue el concepto que más me interesó de la conferencia. Mediante los procesos de post producción se va pasando al lado de lo ficticio. Esto nos muestra que todo se puede manipular para que se perciba de manera diferente a la que en realidad es. Las imágenes o  algo más relacionado con la arquitectura como los espacios, se pueden modificar agregando objetos que nos transporten a un concepto de lugar muy diferente.

El hecho de poner algún objeto que no pertenece al ambiente en donde se inserta me pareció interesante. La acción parece convertir al espacio en algo fríamente manipulado y llena a las ciudades de artificialidad. Se vio, en varios videos y fotos, el proceso para lograr una imagen muy estandarizada de lugares, y en ese mismo proceso se ve después una imagen totalmente opuesta a la que se quiere llegar. Me pareció que el evidenciar las cosas que pueden ser entendidas como residuales o errores,  es en sí algo que sirve para explicar su concepto.

Los referentes que tiene son muy variados. Por ejemplo las fotografías de Thomas Ruff en donde  varias capas de información (de imagen) se sobreponen hasta que esa información se va perdiendo hacen que se termine hablando no de un objeto si no de un concepto. Esto  se puede ligar con la obra de Gabriel Orozco.  El  utiliza los objetos comunes para ordenarlos y dar a entender un concepto. Tiene la capacidad de sintetizar  la esencia del objeto  y darle un giro para comunicar algo. El proceso creativo que maneja es muy libre, casi puramente intuitivo y creo que es algo que debemos aplicar  a la hora de pensar en un proyecto porque generalmente nosotros mismo nos ponemos límites a la hora de diseñar. Siempre es bueno salirse un poco de lo usual y ver diferentes alternativas para resolver un problema, no solo seguir el método probado.

Me llamó la atención que una manera de entender el paisaje, contrario a lo que generalmente se piensa, es en su opinión la artificialidad, o sea la imagen satelital en el caso del trabajo expuesto, en contraposición con la capacidad que las personas tienen de conocer por ellos mismos el paisaje. Pienso que esta ironía es real en muchos casos pero sin duda también es importante comunicar lo sensorial, que es de lo que la gente vive y por medio de lo cual se comunica en la vida diaria.  Ese límite entre lo real y lo ficticio, lo verdadero y la postproducción a veces se pierde pero es parte de lo que se vive actualmente.

Carolina Ayala

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